LA CISTERNA BASÍLICA "PALACIO SUMERGIDO"

Cuenta la leyenda que hace tan solo unas décadas, los extranjeros que acudían a Estambul observaba sorprendidos como los lugareños descendían por unos huecos existentes en el suelo acarreando cestas vacías y que, al subir, las traían llenas de pescado. Fue así como la Cisterna de Yerebatan fue redescubierta para el gran publico.

 

En la cisterna de Yerebatan era depositada el agua traída a través del acueducto de Valente y fue utilizada hasta la mitad del S. XIV. Para construirla se reutilizaron viejas columnas romanas de distintas épocas. Consta de 336 columnas repartidas en 12 hileras de 28 y situadas a 4 metros unas de otras y nos recuerda a un bosque de columnas. Ocupa un área de 10.000 m2, tiene 8 m de altura y aproximadamente su capacidad es de unos 80.000 m3.

Esta Cisterna fue abierta al público en 1987 y, poco a poco, ha ido convirtiéndose en una de las más visitadas.

Lo cierto es que, aparte de la historia, penetrar en el interior de esta cisterna es una experiencia inolvidable. Conforme se va bajando, podemos notar la humedad creciente en nuestro rostro. Al llegar abajo podemos ver la grandiosidad de este monumento. Hileras e hileras de columnas que salen del agua que aún llega hasta este almacén.

La iluminación que le han colocado, con mucho gusto, se refleja en la superficie del agua y, a su vez, ilumina suavemente las columnas. Estás han ido adquiriendo tonalidades diferentes, por lo que hay una especie de puzzle multicolor saliendo del agua.

Las columnas tienen distintos adornos y, entre ellas, en el ángulo izquierdo de la cisterna, se descubrieron dos columnas cuyas bases esculpidas reposan sobre dos extrañas cabezas de Medusa, que causan una extraña sensación al reflejarse en el liquido que las rodea.

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